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miércoles, 16 de diciembre de 2009

El Microbioma Humano

El viernes 19 de septiembre de 2009 dedicamos este espacio a los efectos del sol en la piel.  Según recientes investigaciones, los seres humanos somos 90% bacteria, por lo que nuestro post de hoy en Feliz y Saludable  lo haremos sobre salud de la piel, para ello les transcribo un articulo publicado en La Nación de hoy.



Limpieza de la piel

Los temores que han surgido alrededor de la ola de influenza AH1N1 y de las infecciones intrahospitalarias, reflejan comportamientos que el riesgo de contagio induce, aun cuando los predicados para prevenirse de tales males pueden ser o son anacrónicos.

Nuevos conocimientos nos ilustran de que en espacios abiertos debe abandonarse la ilusión de que la piel se puede desinfectar y el 99,9% de las bacterias son eliminables… como aseguran ciertos anuncios. Igual respecto del contagio en ambientes confinados, como en los hospitales.

Los primeros ecosistemas biológicos fueron constituidos por bacterias hace 4.000 millones de años. Por su simple exitosa persistencia, es irrisorio pensar que son sistemas eliminables. Llevan ventaja ante los humanos al intercambiar o transmitir material genético entre individuos de la misma especie o inter-especie, al formar quórum y al actuar en grupo. Extreman la relación social y saben protegerse tanto en comunidad como individuos.

En la revista Science del 28 de mayo, la bióloga molecular, Dra. Julia Segré, del National Human Genome Research Institute, en los Estados Unidos, publica un artículo que identifica las bacterias (con métodos de secuenciación genética) que alberga la piel luego de realizar +112000 secuencias. El artículo es comentado por periódicos y revistas alrededor del mundo y en español por La Nacion Argentina . ¡Los resultados nos dieron una sorpresa dantesca y han estremecido lo que históricamente se ha aceptado!

90% bacteria. Denomina al humano como un “superorganismo”, en el tanto que la superestructura humana está constituida, ¡óigase bien!, por el propio genoma y en añadidura por el microbioma (todas las bacterias que nos llevamos a cuestas). Eso establece una relación de 10 bacterias por cada célula del cuerpo. Quiere decir que somos animal y bacteria al mismo tiempo, o, también, que somos 90% bacteria.

Luego descubre que la piel se divide en 20 subecosistemas o microambientes de 3 tipos generales: seco, húmedo y aceitoso. Son los que dictan cuáles bacterias perduran en ellos. Todas las bacterias conocidas como patógenas normalmente residen en algún microambiente en calidad de mutualistas (habitan y sacan partida del hospedero y al mismo tiempo lo benefician). Entre ellas están la Pseudomonas aeruginosa y el Staphilococcus aureus , etc. ¡Tan temidas!, y ahora descubrimos que normalmente no nos causan perjuicio y que más bien nos ayudan a eliminar virus y hongos.

Pero lo anterior cambia cuando provocamos su migración a otros microambientes y que mute su perfil genético para expresar nuevos rasgos mediante las “islas patogénicas”, entre otros mecanismos utilizados para infligir daño al hospedero y causar enfermedad. O sea, las bacterias dañinas surgen en los microambientes modificados. Así que la diferencia entre “normal” y “anormal” en el superorganismo es sutil. La suma del perfil agresor de la bacteria y la capacidad de la piel en defenderse establece la patogenia del microorganismo.

Asombroso es conocer que la piel alberga 205 géneros y que cada uno consta de varias especies; de manera que la diversidad microbiológica es muy vasta. La presencia de la comunidad específica de bacterias en una zona depende más del subecosistema que del individuo y en general se establece una convivencia simbiótica entre las bacterias predominantes y el humano. Las zonas secas y húmedas componen mayor diversidad, las aceitosas son más uniformes.

El lugar que más diversidad bacteriana albergó es el antebrazo, con 44 géneros en promedio; el de menor diversidad resultó ser la zona que está detrás de la oreja. Son típicas zonas secas la mano y el antebrazo. Se trata de las extremidades usadas para interactuar y por donde cabe mayor riesgo de contagio. Son apéndices vitales y se les maltrata inadvertidamente persiguiendo la inútil tarea de eliminar bacterias. Los mismos trabajadores a los cuales se les exige adherirse a tales medidas escabullen la práctica, al notar que sus manos se deterioran.

En un artículo próximo se expondrá sobre lo que significa tener manos con piel deteriorada, en lo tocante a ser fuente de contagio, y las nuevas medidas que se pueden tomar al respecto. Publicado hoy en La Nación Costa Rica, enlace.





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