La credibilidad operativa: la variable invisible que decide el valor del barril de petróleo venezolano (PADD III)
Por qué el debate sobre reservas, sanciones o transición energética está mal planteado
El debate petrolero latinoamericano suele moverse entre dos extremos:
-
“Venezuela tiene las mayores reservas del mundo”
-
“La transición energética volverá irrelevante al petróleo pesado”
Ambos argumentos suenan profundos.
Ambos son, en realidad, secundarios.
El mercado petrolero del 2026 no está decidiendo entre reservas y transición energética.
Está decidiendo algo mucho más simple:
si un barril puede entrar de forma confiable dentro de un sistema industrial.
El error conceptual: creer que el petróleo compite globalmente
Un barril de petróleo no compite en el mundo.
Compite dentro de una refinería.
Esto es crucial.
El petróleo pesado venezolano —Merey 16, Hamaca, Boscán— no compite contra Brent, ni contra shale oil, ni contra la geopolítica.
Compite contra:
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Western Canadian Select (WCS)
-
Maya mexicano
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Arab Heavy
Pero aún más importante:
compite dentro de configuraciones específicas de refinación profunda (deep conversion).
El verdadero mercado del crudo venezolano no es “el mercado mundial”.
Es el sistema de refinerías complejas del Golfo de México (PADD III), diseñadas literalmente para procesar crudos pesados y con alto contenido de azufre .
Y allí aparece la variable decisiva.
El verdadero problema de la Faja del Orinoco
No es el lifting cost.
No es el CAPEX.
No es el carbono.
Es la pérdida de previsibilidad industrial.
Una refinería no compra petróleo; compra un insumo industrial.
Y un insumo industrial necesita tres cosas:
-
Calidad conocida
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Entrega confiable
-
Continuidad operacional
Cuando cualquiera de esas falla, el refinador no descuenta calidad.
Descuenta riesgo.
Y el riesgo en refinación se paga con lo único que existe en el mercado físico:
descuentos estructurales.
Por eso el diferencial del crudo venezolano no refleja solo API, azufre o metales.
Refleja incertidumbre operacional.
Por qué Canadá gana
Western Canadian Select no es mejor crudo.
Es mejor sistema.
Canadá resolvió tres problemas que Venezuela no:
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oleoductos integrados
-
mezcla estable
-
suministro constante
Para una refinería del Golfo, eso significa algo extremadamente valioso:
optimización de la corrida.
Una refinería compleja funciona como una planta química continua.
Cuando el feedstock cambia inesperadamente:
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sube el coke
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se desbalancea el hidrotratamiento
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baja el rendimiento de destilados medios
-
aumenta el downtime
Y ese costo es gigantesco.
Por eso el mercado premia la confiabilidad, no la geología.
La ilusión del volumen
Se habla de volver a 3 millones de barriles diarios.
Pero hay un problema técnico.
Un aumento de producción no aumenta automáticamente el valor del barril.
Puede incluso reducirlo.
Si el sistema:
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eléctrico es inestable
-
los mejoradores operan intermitentemente
-
el blending depende de diluyentes importados
-
la logística marítima es volátil
el refinador no ve volumen.
Ve riesgo operacional creciente.
Y entonces ocurre algo contraintuitivo:
Más reservas pueden significar menos valor económico.
Entonces… ¿transición energética?
Aquí aparece el punto central.
La transición energética no elimina al petróleo pesado.
Lo vuelve más exigente.
En un mundo de $60 WTI, los barriles que sobreviven no son los más abundantes, ni los más baratos en el subsuelo.
Son los más predecibles en refinación.
El mercado energético no está penalizando al petróleo.
Está penalizando la incertidumbre industrial.
La variable que nadie discute: credibilidad operativa
La Faja del Orinoco no es un problema geológico.
Es un problema de sistema.
Mientras:
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la red eléctrica afecte la producción
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los mejoradores operen como mezcladoras
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el blending dependa de diluyentes caros
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la calidad no sea consistente
el refinador no puede optimizar su programación lineal.
Y cuando un refinador no puede optimizar, ajusta el precio.
No por política.
Por ingeniería económica.
El verdadero dilema estratégico
La discusión no es:
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reservas vs transición energética
-
escala vs descarbonización
La discusión es:
credibilidad operativa vs capital varado.
Si Venezuela logra restaurar:
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estabilidad eléctrica
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integridad de activos
-
continuidad de suministro
-
calidad predecible
la Faja vuelve a ser un activo estratégico para PADD III.
Si no, ocurre lo contrario:
las mayores reservas del planeta se convierten en un activo contable sin mercado.
La credibilidad operativa
El mercado petrolero no premia el volumen.
Premia la confianza industrial.
Un barril no vale por existir bajo tierra.
Vale porque un refinador puede apostar su planta de miles de millones de dólares a que mañana será exactamente igual al de hoy.
Por eso la pregunta correcta no es cuántos barriles tiene un país.
Es otra:
¿Puede una refinería planificar su operación alrededor de ellos?
Ahí —y no en la geología— se decide el precio real del petróleo venezolano.
Imagen, de barriles a balances financieros. Próximo artículo mañana en Finanzas Felices (inglés) y Feliz y Saludable (español): “El error histórico de PDVSA: confundir una empresa petrolera con un exportador de crudo”.
San José de Costa Rica, 17 de febrero de 2026, feliz inicio nuevo año chino del caballo de fuego a quienes lo celebran que no son pocos. Rafael A. Vilagut, vilagutvrafael@gmail.com
Versión en inglés: Echa un vistazo al último artículo de mi newsletter: «Operational Credibility: the Invisible Variable That Determines the Value of Venezuelan Oil (PADD III)» https://www.linkedin.com/pulse/operational-credibility-invisible-variable-determines-vilagut-kqj7e a través de @LinkedIn


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