Vistas de página en total

jueves, 19 de febrero de 2026

La transición que no fue: por qué el chavismo sigue gobernando Venezuela

 



Estados Unidos negocia, la Fuerza Armada permanece y la población observa: la transición venezolana se convirtió en una administración del poder, no en un cambio de régimen.

La salida de Nicolás Maduro parecía el inicio de una nueva era para Venezuela. Pero mes y medio después, el país no vive una revolución democrática sino una reorganización del poder. La Fuerza Armada sigue intacta, las instituciones no han sido refundadas y el capital internacional comienza a moverse con sorprendente rapidez. Mientras Washington negocia y las élites económicas toman posiciones, la sociedad venezolana observa en silencio.

La pregunta ya no es si hubo transición.

La pregunta es: ¿transición hacia qué?

Porque la transición venezolana, hasta ahora, no ha sido una revolución ciudadana.
Ha sido, más bien, una negociación de poder.

No es un proceso interno típico —como Europa del Este en 1989— ni una derrota militar clásica —como Irak en 2003—.
Es algo distinto: una transición geopolítica.


No es un baile entre dos

El error analítico más frecuente es pensar que la política venezolana actual es un enfrentamiento bilateral:
Trump vs. el chavismo.

No lo es.

La escena real es más compleja:
Estados Unidos no reemplazó al sistema político venezolano; lo está administrando temporalmente.

En los últimos días se produjo un hecho que habría sido impensable durante 25 años:


El jefe del Comando Sur de EE. UU., general Francis Donovan, visitó Caracas y se reunió con:

  • la presidenta encargada Delcy Rodríguez,

  • el ministro de Defensa Vladimir Padrino López,

  • y el ministro del Interior Diosdado Cabello.

Las reuniones abordaron cooperación en narcotráfico, terrorismo y migración.

Es decir:
Washington no negocia con la oposición.
Negocia con la estructura del propio chavismo.

Y esto cambia completamente la naturaleza de la transición.


La verdadera realidad: transición tutelada

La captura de Maduro en enero —operación militar estadounidense— abrió un escenario que varios analistas ya describen como una transición supervisada externamente.

Estados Unidos no destruyó el aparato estatal venezolano.
Lo preservó.

Eso explica por qué:

  • la Fuerza Armada sigue intacta

  • el Tribunal Supremo no ha cambiado

  • el fiscal general sigue en funciones

  • el aparato de seguridad permanece operativo

Human Rights Watch incluso ha pedido al nuevo gobierno “desmantelar el aparato represivo” y reformar el sistema judicial antes de hablar de elecciones reales.

La pregunta entonces deja de ser si hay transición
y pasa a ser:

¿Transición hacia la democracia… o hacia un nuevo equilibrio de poder aceptable para todos los actores?


¿Y la sociedad venezolana?

Aquí aparece el fenómeno más sorprendente.

No hay movilización masiva.

Ocho millones de venezolanos siguen fuera del país.
Y no están regresando.

¿Por qué?

Porque la población percibe algo que los analistas a veces ignoran:

El poder en Venezuela todavía no ha cambiado de manos.
Solo cambió el árbitro.

El Estado continúa gobernado por la misma estructura política y militar, ahora con respaldo internacional parcial.


La economía da la pista

Un indicador silencioso revela más que cualquier discurso:

el mercado inmobiliario venezolano se está disparando.

Esto no ocurre en países en guerra civil.
Ocurre en países donde las élites perciben estabilidad futura.

Los capitales cercanos al poder —no la población— son los primeros en apostar.

Por eso tampoco hay retorno masivo de la diáspora.
El ciudadano común todavía no ve garantías institucionales:
propiedad, justicia independiente, seguridad jurídica.


El capital siempre llega antes que la democracia

Hay un dato reciente que ayuda a entender mejor lo que realmente está ocurriendo en Venezuela.

Adriana Cisneros, CEO del Grupo Cisneros —conglomerado empresarial con base en Miami— encabeza la estructuración de un fondo de capital privado que busca captar hasta 2.000 millones de dólares para invertir en Venezuela.

El destino del dinero no es menor: infraestructura, energía, logística y telecomunicaciones.
Es decir, los sectores estratégicos de cualquier Estado moderno.

La iniciativa surge apenas semanas después de la salida de Nicolás Maduro y no está orientada a ayuda humanitaria ni a reconstrucción social inmediata. Está orientada a negocios.

Esto introduce un elemento clave en la comprensión de la transición venezolana:

La estabilización política está siendo acompañada —y en cierta medida anticipada— por la estabilización económica esperada por el capital internacional.

En otras palabras, los inversionistas ya están actuando bajo una premisa:
el nuevo orden en Venezuela será suficientemente predecible como para permitir privatizaciones y participación extranjera.

No existe evidencia pública de vínculos políticos directos entre este proyecto empresarial y la administración estadounidense.
Pero tampoco es necesario.

En procesos históricos comparables —Europa del Este en los noventa, Europa Central tras la Guerra Fría o Irak después de 2003— el capital extranjero suele aparecer cuando los actores internacionales perciben que el riesgo político principal ha sido resuelto.

Y eso es precisamente lo que hoy parece estar ocurriendo en Venezuela.

Este fenómeno ayuda a explicar dos hechos aparentemente contradictorios:

  • el ciudadano común no regresa,

  • pero el capital sí llega.

La población espera derechos.
El inversionista espera estabilidad.

Y la existencia misma de este fondo plantea una pregunta incómoda:

¿la transición venezolana está siendo diseñada primero como reconstrucción institucional… o como reorganización económica?



La nueva diplomacia venezolana

El gobierno interino se mueve rápido en el plano internacional.

Delcy Rodríguez ya inició contactos con Colombia para cooperación energética y de seguridad.

Paralelamente, Washington impulsa un plan en tres fases:
estabilización, reconstrucción y transición política.

Eso revela algo crucial:

La prioridad inmediata no son elecciones.
Es la estabilidad.


El problema central

El chavismo sobrevivió a la salida de Maduro.

Y eso es exactamente lo que hace frágil el equilibrio.

Porque una transición política sostenible necesita tres elementos:

  1. Instituciones nuevas

  2. Legitimidad popular

  3. Seguridad jurídica

Hoy Venezuela tiene solo uno:
seguridad militar.


El verdadero interrogante

No se trata de si caerá el gobierno interino.
Ni siquiera de si volverá la democracia.

La pregunta real es otra:

¿Estabilización para quién?

  • ¿Para la población venezolana?

  • ¿Para la región?

  • ¿O para el equilibrio geopolítico energético del hemisferio?

Mientras esa pregunta no tenga respuesta clara, Venezuela seguirá en lo que realmente es hoy:

No una dictadura clásica.
No una democracia en transición.

Sino un país suspendido entre dos órdenes políticos.

Un Estado que ya salió del siglo XX…
pero todavía no ha entrado al XXI.



Echa un vistazo al último artículo de mi newsletter: «La transición que no fue: por qué el chavismo sigue gobernando Venezuela» https://www.linkedin.com/pulse/la-transici%25C3%25B3n-que-fue-por-qu%25C3%25A9-el-chavismo-sigue-vilagut-hcyfe a través de @LinkedIn

 San José de Costa Rica, 20 de febrero de 2026, vilagutvrafael@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario