Costa Rica 2026: cuando el sentido común intenta volver (y gana el menos malo)
Editorial – Finanzas Felices / Feliz y Saludable
Costa Rica 2026 no es una elección cualquiera. Es una decisión sobre estabilidad, democracia y bienestar en un mundo cada vez más incierto. En este nuevo editorial analizamos por qué, más allá de ideologías y pasiones, muchos costarricenses están votando para proteger su calidad de vida, su institucionalidad y el futuro de sus familias. La estabilidad también es política. 🇨🇷🗳️
Finanzas Felices – Educación financiera y ciudadanía responsable.
Costa Rica se aproxima a una de las decisiones políticas más relevantes de su historia reciente. No es una elección más. No es un simple cambio de gobierno. Es, en esencia, un referéndum silencioso sobre el modelo de país, la calidad de nuestra democracia y el rumbo económico y social que queremos para la próxima década.
Aun cuando todavía existen votantes indecisos, todo indica que el país ya tomó una decisión práctica, más racional que emocional: apostar por el sentido común. En ese contexto, Álvaro Ramos emerge como el candidato que concentra el voto de quienes no buscan un salvador, sino evitar un deterioro mayor. No entusiasma a todos, pero genera algo hoy escaso: confianza mínima.
1) El voto es egoísta… y eso no es necesariamente malo
La política rara vez se decide por ideales abstractos. En momentos de incertidumbre, las personas votan para proteger su calidad de vida, su empleo, su patrimonio y el futuro de su familia. En Costa Rica, una parte significativa del electorado percibe que continuar por la senda actual implicaría más presión económica, más confrontación institucional y menos certezas.
Desde esa lógica —cruda pero realista— el candidato de Liberación Nacional se convierte para muchos en la opción menos riesgosa. No porque represente la perfección, sino porque reduce el margen de error en un país que ya no tiene espacio para experimentos.
2) La democracia no se pierde de un día para otro
Costa Rica ha sido, durante décadas, una democracia plena, una rareza en América Latina y un privilegio a nivel mundial. Pero las democracias no colapsan de golpe: se erosionan lentamente. Se debilitan cuando se normaliza el ataque a las instituciones, cuando se relativiza la división de poderes y cuando el discurso político se vuelve abiertamente hostil a los contrapesos.
Muchos costarricenses perciben que un nuevo período del actual proyecto político podría empujar al país hacia una zona gris: menos transparencia, menos controles y una democracia más frágil. Ese temor, legítimo o no, está influyendo de forma decisiva en el voto.
3) Endeudamiento: el elefante en la sala
Casi un millón de costarricenses viven hoy atrapados en algún nivel de endeudamiento. Familias, trabajadores independientes y pequeños empresarios sienten que el sistema financiero aprieta, pero no acompaña.
El plan económico de Álvaro Ramos promete, al menos, un respiro: orden fiscal sin asfixia, diálogo con sectores productivos y una visión menos ideológica de la economía. No es una solución mágica, pero sí un cambio de tono que muchos consideran urgente.
4) Los debates: el país se miró al espejo
Los debates presidenciales hicieron algo valioso: desnudaron a los candidatos. Mostraron preparación, improvisación, virtudes y miserias. También dejaron claro quiénes están listos para gobernar y quiénes solo para protestar.
En ese escenario, Ramos salió fortalecido. No por carisma desbordante, sino por consistencia. En política, cuando el ruido es alto, la sobriedad suele ganar puntos.
5) El oficialismo y el fantasma del PAC
La historia reciente pesa. El recuerdo del PAC —un partido que pasó del poder absoluto a la irrelevancia parlamentaria— ronda al actual oficialismo. La percepción de desgaste, falta de resultados y desconexión con la realidad cotidiana podría traducirse en una derrota contundente.
En ese contexto, la posibilidad de una segunda vuelta para Claudia Dobles luce cada vez más lejana, salvo un giro inesperado de última hora.
6) El miedo también vota
Costa Rica sigue siendo un país profundamente alérgico al comunismo, a la corrupción estructural y a los proyectos políticos que prometen revoluciones sin explicar costos. Ese temor —histórico, cultural y económico— ha sacado de carrera a varias candidaturas de izquierda que muchos asocian con retrocesos de décadas.
El resultado: un voto defensivo, conservador en el mejor sentido de la palabra, que busca preservar lo que funciona antes de destruirlo todo.
7) Si no estás de acuerdo, hay una solución democrática
Este editorial no pretende imponer verdades. Si discrepás, si creés que el país necesita otro rumbo, la respuesta no es la abstención, es el voto.
📌 Este primero de febrero, salí a votar.
8) Costa Rica y el club reducido de las democracias plenas
Menos de una treintena de países en el mundo pueden llamarse democracias plenas. En América Latina, apenas dos suelen mantenerse en esa categoría de forma consistente. Costa Rica es uno de ellos.
No es un accidente. Es el resultado de décadas de elecciones limpias, instituciones sólidas y ciudadanía activa. Pero nada de eso está garantizado.
Humanizar el tema financiero: Costa Rica no necesita héroes. Necesita cordura
Antes de votar, vale la pena hacerse dos preguntas simples, pero incómodas:
¿Estoy votando por esperanza… o por enojo?
¿Qué estoy dispuesto a arriesgar como país por castigar al adversario?
Te invito también a reflexionar sobre la manipulación, la mentira y el ruido político en este enlace: 👉Libérate de la Falsedad con Enrique Simó de Brahma Kumaris enlace, https://www.youtube.com/live/Nj-j7slH4x4?si=mNAH80WMhsD7aUpu
Costa Rica no necesita héroes. Necesita cordura.
Y a veces, en democracia, ganar no es entusiasmarse: es evitar perderlo todo.
MSc. Rafael A. Vilagut, San José de Costa Rica 28-01-2026 rafaelvilagut@gmail.com
Imagen, Familia costarricense frente a la deuda, 108e266b-3ed4-4b12-a46b-0e3c64d10695-md.jpeg

No hay comentarios:
Publicar un comentario