Territorios que no desean su independencia: ¿pragmatismo, prosperidad o miedo al fracaso?
¿Por qué algunos territorios no quieren ser independientes? En este artículo analizamos, sin ideologías ni romanticismo, por qué regiones como Groenlandia, Guayana Francesa o Gibraltar prefieren seguir vinculadas a potencias lejanas antes que asumir los riesgos de un Estado propio. Historia, economía y geopolítica se cruzan para mostrar que la soberanía no siempre garantiza prosperidad, y que en el mundo actual muchas sociedades optan por estabilidad, bienestar y pragmatismo antes que banderas nuevas.
Durante décadas, la independencia nacional fue vista como un destino inevitable y deseable para todos los pueblos. Sin embargo, el mundo del siglo XXI muestra una realidad mucho más compleja: numerosos territorios no solo no buscan activamente su independencia, sino que prefieren seguir vinculados a potencias lejanas, aun cuando formalmente podrían aspirar a convertirse en Estados soberanos.
¿Por qué ocurre esto? ¿Se trata de falta de identidad, dependencia estructural o, por el contrario, de una decisión racional basada en costos y beneficios económicos, políticos y sociales?
En este artículo exploramos las razones por las cuales muchos territorios optan —al menos por ahora— por no convertirse en nuevas naciones independientes.
Independencia política vs. prosperidad económica: una tensión histórica
La historia demuestra que independencia y prosperidad no siempre caminan juntas. De hecho, varios territorios coloniales alcanzaron altos niveles de desarrollo económico antes de su separación de las metrópolis.
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Muchos virreinatos españoles en América llegaron a ser más prósperos que la propia España en ciertos períodos.
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Haití, cuando era colonia francesa (Saint-Domingue), fue conocida como una “tacita de plata” del Caribe, antes de iniciar un largo ciclo de pobreza tras su independencia.
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Cuba, uno de los últimos territorios en independizarse de España, vivió extensos períodos de crecimiento y modernización antes de caer en una decadencia prolongada bajo un modelo político fallido.
Estos ejemplos no pretenden idealizar el colonialismo, sino subrayar una realidad incómoda: la independencia política no garantiza desarrollo económico, estabilidad institucional ni bienestar social.
Territorios que eligen seguir vinculados a potencias lejanas
Hoy existen territorios que, mediante consultas populares, estatutos especiales o simples consensos sociales, prefieren mantener su vínculo con una potencia administradora.
Algunos casos emblemáticos
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Guayana Francesa: no es una colonia clásica, sino un departamento de ultramar; es, legalmente, parte integral de Francia y de la Unión Europea.
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Groenlandia: territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, con control sobre muchos asuntos internos, pero respaldado económica y estratégicamente por Copenhague.
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Gibraltar: ha votado reiteradamente por seguir siendo británico, priorizando estabilidad jurídica y prosperidad económica.
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Polinesia Francesa y Nueva Caledonia: donde los referéndums han mostrado sociedades divididas, pero con mayorías que prefieren mantener el vínculo con Francia.
En muchos de estos casos, la ciudadanía valora más la seguridad económica, el acceso a transferencias fiscales, el respaldo institucional y la estabilidad monetaria que los símbolos de la soberanía plena.
El marco de las Naciones Unidas: los Territorios No Autónomos
La Carta de las Naciones Unidas, en su Capítulo XI, define los Territorios No Autónomos como aquellos “cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio”.
En 1946, la Asamblea General incluyó inicialmente 72 territorios bajo esta categoría. Con el paso de las décadas, muchos alcanzaron la independencia o cambiaron su estatus político. No obstante, a mayo de 2024 aún permanecen 17 territorios en esta lista, supervisados por el Comité Especial de Descolonización (C-24).
Estos territorios se distribuyen en África, el Atlántico y Caribe, Europa y el Pacífico, y están administrados principalmente por Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Nueva Zelandia y, en el pasado, España.
Más allá del marco jurídico, lo relevante es que en varios de estos territorios no existe una demanda social mayoritaria por la independencia inmediata.
¿Por qué no quieren independizarse?
Las razones son múltiples y, en general, muy pragmáticas:
1. Seguridad económica y fiscal
Muchos territorios reciben subsidios directos, inversión pública, pensiones, ayudas sociales y acceso a mercados desarrollados que serían difíciles de sostener como Estados independientes.
2. Estabilidad institucional y jurídica
Formar un nuevo Estado implica crear desde cero:
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Banco central
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Sistema judicial
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Política monetaria y fiscal
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Defensa y relaciones exteriores
Para territorios pequeños, estos costos pueden ser económicamente inviables.
3. Acceso a ciudadanía y movilidad
Ser ciudadano francés, británico o estadounidense implica libre movilidad, educación, salud y oportunidades laborales que superan con creces los beneficios simbólicos de una bandera propia.
4. Miedo al “efecto Haití”
El colapso institucional tras la independencia de algunos países funciona como advertencia histórica: independencia sin instituciones sólidas puede conducir al empobrecimiento.
¿Es la independencia una meta inevitable?
No necesariamente. Cada vez más, el debate se desplaza de la pregunta “¿debemos independizarnos?” a otra más incómoda pero realista:
¿Viviremos mejor siendo independientes o manteniendo un vínculo estable con una potencia mayor?
En un mundo globalizado, interdependiente y altamente competitivo, la soberanía absoluta pierde atractivo frente a la estabilidad, el acceso a mercados y la protección institucional.
¿Pragmatismo, prosperidad o miedo al fracaso?
La independencia política es un valor legítimo, pero no es un fin en sí mismo. Para muchos territorios, especialmente pequeños y estratégicamente vulnerables, la prosperidad, la seguridad jurídica y el bienestar material pesan más que el romanticismo nacionalista.
Tal vez el verdadero debate del siglo XXI no sea entre independencia o dependencia, sino entre ideología y pragmatismo.
Preguntas para el lector de Finanzas Felices
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¿Debe priorizarse la soberanía política aun si implica un deterioro económico?
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¿Podrían algunos países independientes aprender de estos territorios que han optado por modelos híbridos de autonomía y dependencia?
Feliz y Saludable miércoles 21 de enero de 2026, rafaelvilagut@gmail.com
Imagen, Groenlandia abrazando a Dinamarca con alegría, 75dbe427-4974-4249-a146-da9e56d172bd-md.jpeg

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