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domingo, 18 de enero de 2026

Entre la paz negociada y el choque de intereses: Estados Unidos, Rusia y el nuevo tablero global en 2026

 

Entre la paz negociada y el choque de intereses: Estados Unidos, Rusia y el nuevo tablero global en 2026

En 2026, el tablero global se juega entre cuatro grandes actores: Trump, Putin, Xi y Ursula von der Leyen. Mientras Estados Unidos y China mueven las piezas principales, Rusia y Europa observan, resisten y calculan, en un mundo cada vez más transaccional, fragmentado y volátil. El Sur global —América Latina incluida— queda en la periferia, expuesto a decisiones que se toman lejos de casa pero que impactan precios, energía, comercio e inversión. En este artículo de Finanzas Felices analizamos cómo la geopolítica se ha convertido en una variable clave para entender la economía y los mercados en 2026. 

A enero de 2026, la relación entre la Rusia de Vladímir Putin y los Estados Unidos presididos por Donald Trump —ya en el segundo año de su segundo mandato— se mueve en una zona gris donde conviven discursos de distensión diplomática con una confrontación estratégica cada vez más directa. No se trata solo de una disputa política o militar: estamos ante un choque de intereses económicos, energéticos y geopolíticos que afecta al equilibrio global y, por extensión, a los mercados y a las decisiones de inversión en todo el mundo.

Este escenario es clave para entender por qué la volatilidad internacional sigue siendo alta y por qué conceptos como riesgo país, sanciones, energía y alianzas vuelven a ocupar un lugar central en el análisis económico.


Ucrania: el conflicto que condiciona toda la relación

El conflicto en Ucrania sigue siendo el eje central de la relación entre Washington y Moscú. A pesar de múltiples reuniones de alto nivel y gestos diplomáticos, la guerra permanece en un punto de estancamiento.

Trump ha intentado proyectarse como un presidente capaz de “cerrar conflictos”, responsabilizando públicamente al liderazgo ucraniano de retrasar un acuerdo. Sin embargo, desde Moscú, Putin mantiene exigencias máximas: control efectivo del Donbás, neutralidad de Ucrania y garantías de que el país no se integrará a estructuras militares occidentales.

El resultado es una negociación prolongada, llena de pausas tácticas, donde ninguna de las partes quiere aparecer como la que cede primero. Para los mercados, este estancamiento significa incertidumbre prolongada, especialmente en energía, defensa y reconstrucción.


Confrontación directa más allá de Ucrania

La rivalidad entre Estados Unidos y Rusia ya no se limita al frente ucraniano. En 2026, la tensión se ha trasladado a otros escenarios:

  • Incidentes navales y bloqueos energéticos han elevado el nivel de fricción directa.

  • Washington ha demostrado una disposición más agresiva a golpear redes económicas y logísticas asociadas a Moscú.

  • Rusia, por su parte, ha mostrado dificultades crecientes para proteger a algunos de sus aliados tradicionales, lo que debilita su imagen de potencia global confiable.

Este contexto refuerza una idea clave: el poder ya no se mide solo en tanques o misiles, sino en capacidad de sostener aliados, flujos comerciales y estabilidad económica.


El factor nuclear y la seguridad global

Uno de los elementos más delicados de 2026 es la posible expiración del tratado New START, el último gran acuerdo de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia. La falta de avances claros para renovarlo introduce un factor de riesgo adicional en el sistema internacional.

Trump ha restado dramatismo al tema, señalando que cualquier nuevo acuerdo debería incluir a otros actores relevantes. Desde Moscú, la respuesta ha sido fría, lo que deja al mundo ante un escenario de menor previsibilidad estratégica, algo que históricamente tiende a aumentar el gasto militar y la desconfianza entre bloques.


El desgaste económico de Rusia

En el plano económico, Rusia enfrenta en 2026 un desgaste evidente:

  • Menores ingresos energéticos.

  • Presión constante de sanciones.

  • Dificultades para reponer equipamiento militar.

  • Mayor dependencia de tácticas de guerra híbrida, ciberataques y desinformación.

Aunque el Kremlin insiste en que las sanciones no afectan su rumbo estratégico, lo cierto es que el margen de maniobra económico se ha reducido. Para los inversionistas globales, Rusia aparece cada vez más como un actor de alto riesgo, dependiente de alianzas limitadas y mercados alternativos.


China: el socio silencioso pero decisivo

China juega un papel clave en esta ecuación, aunque de forma más silenciosa. Pekín observa el conflicto entre Estados Unidos y Rusia con una lógica profundamente pragmática:

  • Se beneficia de energía rusa a precios descontados.

  • Evita involucrarse directamente en el conflicto.

  • Aprovecha el desgaste de ambos para fortalecer su posición global.

Para China, Rusia es un socio táctico, no un aliado incondicional. Pekín no tiene interés en una derrota total de Moscú, pero tampoco en una escalada que desestabilice el comercio global. En el fondo, China utiliza este conflicto como un laboratorio geopolítico, aprendiendo cómo responde Occidente ante guerras prolongadas y sanciones masivas.


Europa: atrapada entre la seguridad y la fatiga

Europa, mientras tanto, atraviesa una etapa de fatiga estratégica. Dependiente de Estados Unidos en materia de seguridad y golpeada por los costos económicos del conflicto, la Unión Europea enfrenta divisiones internas:

  • Países más expuestos al conflicto presionan por firmeza.

  • Otros buscan una salida negociada que reduzca costos energéticos e inflación.

  • Las tensiones con Washington, especialmente en temas comerciales y estratégicos, debilitan la cohesión transatlántica.

Desde Moscú, estas fisuras son observadas con atención, ya que una Europa fragmentada reduce la efectividad de las sanciones y la presión diplomática.


El nuevo tablero global en 2026: un mundo más transaccional y menos predecible

En 2026, la relación entre Estados Unidos y Rusia refleja un mundo cada vez más transaccional, fragmentado y volátil. Trump intenta consolidar su imagen de negociador duro que prioriza los intereses estadounidenses, mientras Putin lucha por sostener la relevancia global de Rusia en un entorno económico y militar adverso.

China gana tiempo y ventaja estratégica. Europa busca estabilidad sin perder credibilidad. Y el resto del mundo —incluida América Latina— observa cómo estas tensiones influyen en precios, flujos de capital, energía y crecimiento.

Para quienes analizan economía, finanzas e inversión, la lección es clara: la geopolítica ya no es un tema lejano, sino una variable central para entender riesgos, oportunidades y el rumbo de los mercados en los próximos años.


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Feliz inicio de semana, San José de Costa Rica 18 de enero de 2026, rafaelvilagut@gmail.com.


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